Junio 2010: En el observatorio TIGO ya saben que la Tierra está viva
Desde Concepción se miden cambios en continentes, la gravedad, el eje, la altitud y otros movimientos terrestres
Pionero sistema instalado en la Universidad de Concepción es parte de una red mundial que permite mejorar las comunicaciones, ser precisos en los sistemas de navegación y, hoy más importante que nunca, acercarse a la predicción de terremotos.
Probablemente en muchísimos años la humanidad podrá saber de dónde viene y a dónde va. O quizás nunca. Esa es tarea de muchas ciencias o de muchas religiones. Pero lo que sí está claro es que hoy ya podemos saber dónde estamos, y en forma milimétrica. La tarea la realiza el Observatorio Geodésico Integrado Transportable (TIGO), como parte de una red mundial de sistemas de referencia, pero único de su tipo en América Latina.
A sólo meses del terremoto se supo que este subcontinente en el área de la costa de la Región del Bío Bío se había desplazado 3,04 metros en dirección Oeste, con una leve inclinación hacia el Sur. Ese dato fue posible por las mediciones que realizó el TIGO, ubicado en un cerro dentro del campus de la Universidad de Concepción, cifra que permitió además tener dos noticias: el TIGO descubrió una nueva tarea dentro de su amplia gama de aportes científicos, trabajar junto a la sismología; y acercar la posibilidad de que en quizás sólo décadas se logre tener un sistema de predicción de terremotos, cuya precisión dependerá del crecimiento de las ciencias y las tecnologías.
Porque lo que diariamente hace este centro formado por diversas tecnologías de mediciones espaciales, temporales y gravitacionales es tomar medidas de esas dos fundamentales dimensiones y de los efectos de este tercer componente en los dos primeros. No hay que olvidar que la Teoría de la Relatividad de Einstein es todavía la que rige los paradigmas de las ciencias físicas, por lo que para medir también se debe considerar los efectos de unos sobre los otros componentes ya que, por ejemplo, cuando un haz de luz viaja en el espacio se curva al ser afectado por uno más campos gravitacionales.
Entonces, lo que se realiza en el TIGO, Observatorio creado gracias a una alianza entre Alemania y Chile, que en el caso nacional significa un aporte permanente de la Universidad de Concepción y del Instituto Geográfico Militar, es medir en forma precisa. ¿Y qué se mide? Es exacto en determinar la posición de un satélite y, por lo tanto tener la posibilidad de que su propietario modifique su trayectoria, de ser necesario; o de regular las señales que emite a la Tierra para, por ejemplo, tener una imagen muy nítida para ver a La Roja jugando en su debut en el Campeonato Mundial de Fútbol. Como también tiene la capacidad de saber exactamente los parámetros de rotación de la Tierra y sus modificaciones. Además de los cambios en su eje. Ello, en conjunto con el trabajo satelital permite, por ejemplo, que los sistemas globales de navegación satelital, como los GPS, funcionen en forma precisa. Y si hace ya varios años que Chile está intentando poner en órbita un satélite, no hay la mínima duda de que una vez en el espacio será justamente el TIGO el que debe hacer un aporte fundamental en su control.
Además, se realizan otras mediciones con diversos alcances, como por ejemplo saber que la Tierra no sólo sufre movimientos de sus placas en el plano horizontal, sino también comprobar con mediciones que estos provocan también subidas y bajadas de zonas terrestres. Además de que la gravitación terrestre, en juego con la del Sol, la Luna y Júpiter también provocan movimientos ascendentes y descendentes de hasta 30 centímetros diarios. Es decir, existen mareas terrestres. Otro dato: en TIGO está el reloj atómico más preciso de Chile, más que cualquiera que hoy defina el horario oficial del país.
Volviendo al terremoto de febrero, en el centro TIGO están orgullosos porque fueron capaces de realizar varias proezas. Entre ellas, ser los primeros en tomar mediciones de desplazamientos de las placas de Nazca y Sudamericana, que son las que chocan y producen los sismos; de ser pioneros en la posibilidad histórica de tomar estas mediciones, algo que nunca se había hecho; y de tener el equipamiento necesario en funciones sólo dos meses después del terremoto para seguir midiendo los movimientos horizontales y verticales que produjo el sismo y que sigue realizando.
Esta es la tarea clave para la posibilidad de predecir los sismos, ya que tras el cambio de 3,04 metros que se desplazó la Placa Sudamericana en los primeros 30 segundos del sismo que duró casi 2 minutos y medio (hasta con esa precisión determinaron el desplazamiento), a la fecha siguen comprobando que la placa continúa desplazándose casi en la misma dirección, es decir, con las réplicas durante tres meses la Sudamericana se ha seguido “soltando” de la placa de Nazca, lo que nunca se había medido. Unos 15 centímetros más en estos tres meses.
Por lo tanto, a la fecha sigue el proceso de movimiento en la misma dirección que cuando hay un terremoto, por lo que podríamos decir que aún estamos en el mismo proceso de movimientos del 27 de febrero. Se supone que cuando la Sudamericana comience a moverse en sentido contrario, al Este y levemente al Norte, es decir, se vuelva a “enganchar” a la de Nazca, recién allí comenzará el nuevo proceso de subducción que significará un lento desplazamiento hasta que esta tensión y acumulación de energías se vuelva a romper con un terremoto. ¿10, 50, 100 años más? Este ir y venir de movimientos es el que se busca ir precisando. Ya se puede conocer más o menos dónde ocurrirá un sismo, pero lo que aún está lejano de conocerse es el cuándo, al menos para tratar de acercarse a un año exacto, por ejemplo.
La idea es continuar los pasos de la meteorología, que en 140 años de estudios ha logrado una exactitud de predicción de 60%. En cuántos años y en qué porcentaje de precisión se logrará predecir los terremotos, es algo que hoy tampoco se puede saber. Pero en eso ya trabajan en el centro TIGO y otros similares del mundo. Y claramente Chile es uno de los países más interesados en que esa posibilidad sea lo más pronto posible, aprovechando esta transferencia gratuita de tecnologías para, además, ser un aporte histórico en el avance del conocimiento mundial y en mejorar la calidad de vida de todos los humanos.
Porque quizás lo importante no sea tanto saber de dónde venimos ni a dónde vamos, pero por lo menos tener la posibilidad de que el viaje de aprendizajes y haceres de la humanidad y de cada una de sus generaciones sea lo más agradable y seguro posible.
Los seis instrumentos para medir
Very Long Baseline Interferometry (VLBI): radiotelescopio de microondas que, apuntando a puntos lejanos en los quásares del espacio profundo, permite precisar ubicaciones en conjunto con otros radiotelescopios instalados en diversos lugares del mundo. Mide principalmente la rotación terrestre y las distancias entre los continentes.
Satellite Laser Ranging (SLR): telescopio óptico con señales de láser que son dirigidas a satélites que orbitan a entre 800 (científicos) y 6 mil kilómetros (geodésicos) de distancia de la Tierra, que a su vez refractan las señales al TIGO.
Sistemas Globales de Navegación Satelital: son receptores que se comunican con los sistemas de referencia territorial. Estos son los GPS (estadounidense) y otros similares pero que poseen distintos nombres por ser de propiedad de diferentes países o regiones. La comunicación es también con sistemas similares de China, Rusia y Europa.
Gravímetros: dos instrumentos que miden la gravedad y sus cambios, permitiendo percibir exactamente las subidas y bajadas de la superficie terrestre al contrarrestarlas con los cambios que en la vertical provoca la gravedad terrestre, del Sol, la Luna y Júpiter.
Reloj atómico: laboratorio único en Chile y uno de los cuatro de América Latina que mide el tiempo de forma exacta, fundamental para observaciones satelitales y actividades espaciales (recordar que Einstein nos enseñó que el tiempo es relativo).
Sismógrafo: tras el terremoto, fundamental es la presencia también de un sismógrafo en TIGO.
Las mediciones
interconectadas de estos seis instrumentos, especialmente los cinco
primeros, permiten obtener el sistema de referencia de la ubicación
de un punto y sus variaciones.
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