Septiembre 1991: ¡No quiero nacer: allá afuera hace mucho frío!

     ¿Qué mejor ejemplo para entender nuestro tema que los chistes de bebés de "coco" Legrand? El padre llega con un amigo a la casa a las 3 de la mañana, despierta a la guagua y le pide que le haga un "viejito" al tío Alberto. El bebé no entiende nada, es despertado bruscamente, tiene a dos monstruos en frente, lo zamarrean y no lo dejan dormir.

Es una típica situación en que se enfrentan dos lógicas: la adulta y la del niño pequeño.

Por cierto que el bebé no razona diciendo "qué le pasa a éste viejo, ya llegó borracho de nuevo, por qué no fríe monos en otro lado". Tampoco su lógica es como en la película del niño recién nacido, que sale del vientre de su madre exclamando "¡métanme de nuevo, aquí afuera hace mucho frío!".

Es diverso. Pero ¿cómo es realmente?, debe ser una pregunta que se hacen por años los científicos.

Imagínese que a la Tierra llegan extraterrestres inteligentes, con un coeficiente intelectual de 400. Los racionamientos y lógicas van a ser diferentes, y más aún, una superior a la otra. Ellos entenderán más que los humanos sobre el espacio, la vida, el infinito y todos esos "temitas".

Así mismo, nuestra diferencia con los bebés es abismante en comprensión del mundo, ideologías, etc., incluso aumentando la edad de bebé a niño (12 años).

Los niños entienden su alrededor inmediato y sólo con la edad y la experiencia van cuestionándose más cosas. Pero entienden sólo lo que pueden integrar a su cúmulo de vivencias.

Existe una teoría muy interesante que dice que el hombre explica la realidad por el lenguaje, y además entiende la realidad a medida que pueda explicarla con el lenguaje. No es "carril", es una teoría de los lingüistas Sapir y Wolf.

Por lo tanto, a mayor lenguaje, más se entiende el mundo. Por eso los niños no entenderían más que los adultos, ya que su lenguaje es más limitado que el de "los grandes". Incluso, esto sucede entre los adultos -por ejemplo, las diferencias de comprensión entre diversas clases sociales-.

Pero volvamos a los niños. Ellos responderían, por ejemplo, que la vida es, porque "es lógico", cómo no va a estar; que la pelota cae porque "¡cómo se va a quedar arriba pu tonto!"; y para qué hablar de política internacional, pues lo limitarían a los buenos y los malos... aunque algo de razón tendrían.

¿El lenguaje o la capacidad intelectual? ¿o ambas?

A veces dan ganas de tener lógica infantil. Claro, no sabemos de problemas y si los hay los solucionan los papis. Incluso algunos ya han tomado esa postura en no pocos lugares: "no me importa, y si es cierto que lo solucionen los parlamentarios... o Dios".

¿Se imagina usted a una persona preguntando qué es un problema? Sucedió. Tenía 6 años en aquel 1976. Hoy debe estar extrañando aquellos dulces años infantiles.


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