Mayo 2010: Investigan ascenso y bajada brusca de la costa en Arauco
Primer movimiento se produjo el día del terremoto y el segundo sólo dos meses después
Aunque estos movimientos son normales, es de especial interés de los científicos locales y extranjeros conocer los procesos internos que se generan en conjunto con el desplazamiento de las placas tectónicas. Para ello hasta ahora se describe el proceso y se proponen ciertas hipótesis explicativas.
En pleno proceso de investigación de los cambios de altura de la costa de la Región del Bío Bío, tras el terremoto y sus posteriores réplicas, se encuentra un grupo de investigadores de la Universidad de Concepción.
Esta necesidad de analizar los cambios se debe a que se han producido movimientos horizontales y verticales de gran magnitud, ligados a la liberación de la energía sísmica, siendo el más llamativo el que se produjo en la Isla Santa María, ya que tras una subida del continente, cercana a los 2,5 metros, dos meses después se comprobó que la isla había bajado varias decenas de centímetros, informó el geólogo Andrés Tassara, quien ha seguido de cerca los cambios provocados por el sismo del 27 de febrero y sus réplicas.
El movimiento ascendente de la costa durante el terremoto es explicado por el salto de la Placa Sudamericana hacia arriba y hacia el Oeste, en la misma cantidad, pero en las direcciones contrarias a las que se había movido desde el terremoto de 1835. Como la Placa de Nazca baja y se mueve diariamente hacia el Este, metiéndose bajo la Sudamericana, ésta lo hace hasta que el roce no soporta más las fuerzas de presión, provocando un terremoto como el de febrero, momento en que la placa Sudamericana se “suelta” de la de Nazca y vuelve a la posición que tenía 175 años atrás, es decir, hacia arriba y al Oeste.
Sin embargo, lo que aún no tiene explicación clara es por qué tan rápidamente la Sudamericana volvió a bajar, como parece ocurrir en la investigada Isla Santa María, lo que en teoría debiera ocurrir en varios años.
Las investigaciones actuales se basan en mediciones realizadas por instrumentos GPS y por otras herramientas de alta precisión que maneja el Centro Tigo de la UdeC, además del trabajo en terreno liderado por Tassara y colegas alemanes. Las mediciones se basan en un Convenio de Cooperación en Investigación Científica y de Desarrollo Tecnológico entre la U. de Concepción y la Oficina Federal de Cartografía y Geodesia de Alemania. Desde la UdeC, Alemania y otros seis puntos del planeta se realizan mediciones de la posición de la Tierra en el espacio a través de instrumentos que tienen como referencia el eje terrestre y estrellas muy lejanas, captando así las diferencias de posición provocadas por diversos fenómenos naturales, como los sismos.
Así se comprobó, por ejemplo, que la zona costera de Concepción-Talcahuano se movió de 10 a 20 veces más que en otras partes de la Región, el país y el resto del continente, alcanzando 2,9 metros en dirección Oeste y 60 centímetros al Sur al momento del terremoto y posteriores réplicas (ver inforgrafía). Normalmente el movimiento es opuesto, de 3 centímetros al año hacia el Este y 1,5 cm. al año hacia el Norte, lo que demuestran esta presión horizontal y el movimiento lento pero continuo de la placa de Nazca bajo la Sudamericana.
“Lo que aún no está muy claro es el movimiento ascendente y descendente”, señala Bernd Sierk, geofísico del TIGO. Sin embargo, uno de los movimientos hacia abajo y arriba es producido por el choque de las placas, y en ese contexto no se explica aún el mecanismo que permite esta subsidencia postsísmica que experimenta la Isla Santa María. Una posibilidad, entre varias, aclara Tassara, es que el levantamiento haya sido muy fuerte debido a ciertas características del movimiento y del suelo, por lo que tras las réplicas se acomodó a una posición más estable.
Un sismo “diferente”
Como aún se está en las etapas de investigación, analizando datos y recogiendo otros con cada réplica hasta el día de hoy, la posibilidad de hipótesis es alta. Y generalmente el planteamiento de preguntas o aseveraciones que ayuden a encaminar esta búsqueda se basan en las particularidades del evento, en este caso, el temblor.
Algunas de éstas, explicadas por Sierk, es que el roce o ruptura de las placas en caso de terremoto es de 5 a 50 kilómetros, por lo que las posibilidades de cambios y efectos en ese amplio margen de ruptura también aumenta.
El 27 de febrero, cuenta Tassara, se produjo un quiebre que comienza en un único epicentro -desechando así la hipótesis de la existencia de dos epicentros- y cuyo rompimiento duró más de dos minutos en propagarse, quiebre que avanzó unos 3 kilómetros por segundo con saltos de hasta 15 metros. Tal vez, propone el geólogo, “el movimiento ocurre a lo largo de la falla en que se ponen en contacto ambas placas, y no que las placas hayan quedado separadas 3 metros y que tengan que volver a juntarse, como mucha gente supone”.
Pero una particularidad, confundida con la teoría de los dos epicentros, explica el geólogo, es que se produjeron dos “parches” o asperezas de rotura en la zona de subducción, “lo que es normal cuando la magnitud del sismo es grande, como en este caso que fue de 8,8º Richter”.
De hecho, cuenta Andrés Tassara, el terremoto de 1960 tuvo cinco parches o fracturas en zonas de 100 kilómetros de ancho por 500 km de largo, aproximadamente. Los “parches” se producen en la zona de contacto de las placas y dependiendo de la cercanía de un lugar dependerá su movimiento, en este caso ascendente. Por ejemplo, Punta Lavapié tuvo un incremento de los más altos, mientras que Constitución incluso bajó tras el sismo. Esto ocurre porque uno de los parches está bajo Arauco, alzándolo; mientras que el otro, ubicado en el mar, frente a Constitución-Pichilemu, se alza en el mar, pero provoca un descenso en tierra debido justamente a este alzamiento cercano.
Ambas rupturas abarcaron una zona comprendida entre Pichilemu y Lebu, es decir, unos 600 kilómetros de largo.
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