Octubre 2010: “Chile no está preparado para el próximo terremoto en el norte”
Sismólogo de la Universidad de Chile Jaime Campos Muñoz.
Uno de los expertos que, con estudios, previó el terremoto del 27 de febrero, anuncia que algo similar ocurrirá en el norte. Pero más que alarmar, desea que se tomen las precauciones a corto y largo plazo para evitar desastres, “pues la tragedia no es el terremoto, sino el resultado de la acción humana que se instala en sitios de riesgo”.
En 15, 10 ó 5 años, o quizás sólo en un año, ocurra un terremoto importante en el extremo norte de Chile. Y a pesar de ser un país sísmico y de haber tenido el 27 de febrero el quinto terremoto de mayor magnitud registrado por el ser humano, la sociedad chilena no está preparada para este próximo evento y para ningún otro.
La razón la entregó el doctor en Geofísica Interna Jaime Campos Muñoz, quien en la semana dictó una charla a la comunidad de profesores, apoderados e invitados del Colegio Concepción, en Pedro de Valdivia. Mostró una fotografía del siglo 19 donde se aprecia un barco encallado por un maremoto a decenas de metros de la costa, en Arica, el que fue acercado al mar siete años después en un segundo tsunami. Hoy, en esa área, hay varios edificios que, en teoría, recibirían de golpe las olas de un futuro maremoto.
“En Chile ni siquiera existe un mapa que explicite dónde tiembla y dónde no, en nuestro país. Ningún servicio público relacionado con la construcción o instalación de infraestructura mayor posee esta información”, denunció el profesor, con la intención de preocupar, pero no de alarmar. Quizás es para tomarlo en serio, pues junto a otros especialistas, fue uno de los que predijo el terremoto de 2010, entre Constitución y Concepción aunque, claro, no con día ni año exactos.
¿Cómo logró saber de ese sismo y cómo supone que ocurrirá otro en el norte? Lo sabe -y por eso está preocupado de que el gobierno y las personas tomen las medidas correspondientes- porque por medio de un sistema satelital se ha comprobado movimientos en la litósfera o primera capa de la Tierra que sugieren esta alta probabilidad. El mismo método se ocupó para predecir el de 2010.
El sistema usa imágenes tomadas por satélites de Estados Unidos, las que muestran en colores y por zonas los cambios de altura que se producen en la superficie terrestre. Estos cambios se deben a la presión que ejerce la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, la que mientras alza el sector costero, hunde el área de la depresión intermedia. Esto se amplifica cuando la presión es mayor, lo que generalmente ocurre antes de un terremoto, es decir, cuando en algún momento se suelta esta presión y se libera esta energía acumulada por decenas de años.
En la charla en conmemoración de un año más del colegio masónico penquista mostró una imagen donde se aprecia esta modificación casi exactamente entre Arica y Antofagasta. “En otra figura bastante más pequeña se puede apreciar el terremoto de Antofagasta de 1995, cuya magnitud fue de 7,8 grados”; en cambio la figura actual de movimientos del norte es muy similar en tamaño a lo que ocurrió previo al terremoto de Cauquenes-Concepción. Es decir, el terremoto del norte debiera tener una magnitud superior a 8 grados, por lo menos.
Sin embargo, en el norte chileno hay preocupación. Se han realizado simulacros de alerta y de tsunami. Hay señaléticas en algunas zonas. El problema es que, hasta hoy, no se conoce qué cambios se han realizado en el sistema nacional de alerta temprana que, casi literalmente, hizo agua el 27 de febrero. Además, existe una falta de regulación histórica, única forma de explicarse la construcción de edificios en zonas a donde ya han llegado los tsunamis.
“Cuando fue el terremoto de Aysén, un periódico tituló calificando al sismo como un desastre. Eso no es así. Un terremoto no es un desastre. La desgracia se produce por la ineptitud humana que se instala en sitios de riesgo de tsunami, en fallas geológicas, sin medidas de mitigación, sin regular la construcción”, afirmó Campos Muñoz. Destacó que, incluso, la calidad de los vinos chilenos se debe, justamente y entre otros factores, a las cenizas arrojadas por volcanes; mientras que la calidad mineral del suelo de esta parte del mundo se debe a los movimientos tectónicos de las placas. Es decir, “somos un país con determinadas riquezas gracias a estas liberaciones de energía. Mal las podemos llamar desastres”, acotó el sismólogo de la Universidad de Chile, quien encabezó el proyecto de instalar un sismógrafo en 2009 en el Colegio Concepción de San Pedro, junto al sismólogo de la UdeC Klaus Bataille, gracias al cual aún se registran las réplicas del 27 de febrero y, obviamente, se midió el terremoto mismo.
El experto contó que Chile debe “pagar” con el 2% anual de su Producto Nacional Bruto por vivir sobre estas movedizas tierras. Ello por el costo de cada terremoto que, en promedio, se produce uno sobre 7 grados Richter cada seis años. Mientras que la investigación científica, en todas las áreas, sólo alcanza al 1%. Con esto quiere decir que, además de prevenir y regular, el Estado debe invertir en investigación sísmica, uniendo a expertos de diversa áreas para profundizar en el conocimiento y lograr acercarse más a la prevención, educación y habitabilidad en armonía con estos eventos naturales.
“El riesgo sísmico es igual al peligro sísmico multiplicado por la vulnerabilidad. En Chile tenemos los tres tipos de terremotos existentes en el mundo y acá se libera el 40% de la energía sísmica mundial. O sea, tenemos un alto peligro sísmico. Pero si logramos reducir al máximo posible nuestra vulnerabilidad, el peligro disminuirá. Eso es lo que debemos hacer ahora”, solicitó casi en un paradójico llamado a la cordura.
Chile tiene el récord de que en su territorio ocurren los tres tipos posibles de terremotos.
Los más conocidos provocados por el roce entre las placas. En el caso de Chile, entre las placas de Nazca y Sudamericana entre Arica y la Península de Taitao-Golfo de Penas, hasta donde llega la de Nazca; y entre la Sudamericana y la Antártica y la misma continental y la de Scotia, desde Taitao hasta el extremo austral. Es el caso del terremoto de Cauquenes-Concepción. Sus hipocentros y rupturas se producen en las áreas de contacto entre dos placas.
El otro tipo de sismos, mucho más destructivos porque al parecer liberan más energía a través de las ondas sísmicas que llegan a la superficie, son los que se producen en una misma placa. En el caso de Chile, la torsión o deformación que se produce en la paca de Nazca al presionar a la Sudamericana y ponerse bajo ella debido a esta resistencia, produce sismos en áreas de esta torsión. Es el caso del terremoto de Chillán de 1939 que fue más destructivo, comparativamente, a otros sismos de mayor magnitud.
Y los otros sismos son los que se producen en las fallas geológicas provocadas por este empuje mayor entre las dos placas. Esta fuerza provoca “divisiones” en la depresión intermedia chilena en su contacto con la Cordillera de los Andes. Por ello, estos se producen en esta zona. Fallas de este tipo son la de San Fabián en Bío Bío y San Ramón en Metropolitana. Sismos de menor intensidad, pero que pueden provocar graves daños en represas o infraestructuras similares que se instalan en esas áreas.

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