Diciembre 2010: Un plan al borde de un ataque de riesgos
Expertos cuestionan bases del Plan de Reconstrucción del Borde Costero
Arquitecto urbanista y doctora en ciencias ambientales de la Universidad de Concepción plantean que el plan estrella del gobierno en la Región tendría un eslabón débil: la falta de estudios profundos y acuciosos acerca de los riesgos naturales y de su impacto en las forma en que se proyecta reconstruir las ciudades y balnearios.
Uno de los íconos de la restauración postsísmica de la Región del Bío Bío, el Plan Maestro para la Reconstrucción del Borde Costero, ha sido cuestionado. Fue aplaudido desde el principio por la gran mayoría de los actores políticos y económicos de la zona, debido a que fue pionero en planificación para reconstruir tras el terremoto y tsunami, pasando a ser incluso por muchos meses como el único plan de reconstrucción regional, habiendo generado un consenso acerca de sus potencialidades como ente rector de dónde y qué se debe construir en las zonas más devastadas. Pero en el ámbito de la academia el consenso ya no es tal.
El arquitecto Bernardo Suazo Peña, vicedecano de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción; y Edilia Jaque Castillo, doctora en Ciencias Ambientales y directora del departamento homónimo de la Facultad de Arquitectura de la UdeC, están de acuerdo con las potencialidades y aportes del Plan Costero, pero también son críticos respecto a falencias fundamentales, según señalan: no está basado en estudios completos sobre riesgos y se confeccionó antes de que se modifiquen o realicen planes reguladores comunales, entre otras deficiencias anotadas por ambos académicos. Al respecto, el coordinador del Plan Costero, Sergio Baereswyl, acepta la crítica sobre ciertos cambios metodológicos “debido a la urgencia de la reconstrucción”, pero señala que sí se basa en estudios suficientes para un plan maestro. La discusión está iniciada.
Antes del 27 de febrero no existían planes de vulnerabilidad ante eventos catastróficos naturales como maremotos, inundaciones, temporales, erosiones, por lo que tampoco existían normas respecto de qué, dónde y cómo desarrollar la actividad humana en el borde costero, explica Suazo. Sí existe para casos de sismo o incendio, pero no posee un aplicación normativa clara y específica. De allí que el terremoto y tsunami afectaran viviendas, colegios, hospitales y diversas construcciones que estaban levantadas sin regulación ni restricción basadas en las eventualidades naturales ya descritas. Sólo existían cartas de inundación basadas en el tsunami de 1835, pero que no estaban actualizadas ni restringían la construcción y habitabilidad del borde costero. De hecho, destaca Edilia Jaque, la palabra tsunami ni siquiera existe en los escritos que norman la construcción y uso del suelo.
Ante esta situación, el comité coordinador del Plan de Reconstrucción del Borde Costero de la Región del Bío Bío decidió solicitar a la Universidad del Bío Bío, en abril, un plan de riesgos para esa zona, por intermedio del Ministerio de la Vivienda. Sin embargo, los resultados del estudio estuvieron listos en noviembre, fecha en que el Plan Costero ya estaba confeccionado. Este es uno de los aspectos que cuestionan Suazo y Jaque, pues el estudio básico para definir dónde, cómo y qué se reconstruirá no fue utilizado para confeccionar el plan maestro del borde costero. Y esto no es sólo un problema técnico, pues Edilia Jaque muestra su especial preocupación en que se vuelva a construir, por ejemplo, en lugares por donde pasó el tsunami o en los que sufrieron con la inundación de 2006, es decir, porque tiene relación directa con la seguridad de las personas.
Al respecto, Baereswyl es claro. “El plano de riesgos lo trabajamos con evidencia en terreno y con mapas de riesgo de aproximación muy fina. Incluso, entre el 90 a 95% de nuestra apreciaciones empíricas fueron confirmadas por el trabajo de la UBB”. Y respecto al tsunami, el arquitecto que presta asesoría al gobierno contó que se solicitaron modelaciones a la Universidad Católica de la Santísima Concepción, que a su vez las pidió a expertos de Japón. También hubo asesorías de un oceanógrafo que en los años 80 trabajó en el SHOA.
Sin embargo, Suazo es categórico: “las propuestas no están fundadas en estudios serios. Hubo cambios sustanciales en el fondo marino tras el tsunami y como efecto de las réplicas. El plan específico para Talcahuano, por ejemplo, no tiene estudios que tengan sustentabilidad cien por ciento técnica”.
El también investigador en aplicación de sistemas de información geográfica en centros urbanos de Bío Bío, al igual que Jaque, aclara que en general el plan maestro costero es bueno porque identifica los problemas tras un diagnóstico bien hecho, que se ajusta a la realidad, con propuestas basadas en trabajo de terreno y con antecedentes. “Pero el problema es la falta de estudios recientes, especialmente de riesgos”, reitera. Dice que, “por el afán de realizar las cosas rápidas, se opta por estos planes maestros, que son rápidos de confeccionar, pero con escasa profundidad, primando razones económicas y políticas por sobre las técnicas”.
En tanto, Edilia Jaque también considera que el estudio de la UBB es parcial, “con escaso apoyo de trabajo en terreno”. Y agrega otra supuesta dificultad: los planes reguladores, por lo menos de la Provincia de Arauco, están obsoletos o no existen, por lo que el plan se basa en eso. “Arauco no posee ni siquiera una cartografía de riesgos, sino sólo ciertas restricciones al crecimiento. Casi lo mismo ocurre en la costa de Ñuble, con planes reguladores desactualizados y esquemáticos”, aclara.
La planificación sin considerar los planes reguladores y los plazos normados se logra al aplicar la Ley de Sismos y Catástrofes, que es lo que hizo el gobierno. Con este instrumento legal, más otros específicos, se puede confeccionar un plan maestro. Y así lo aclara Baereswyl. “Es cierto que metodológicamente hubiese sido ideal tener información de riesgos antes, pero justamente los planes reguladores se modifican a partir del plan maestro, no al revés”. Al respecto Jaque opina lo contrario, pues señala que los planos reguladores deben ser la base del plan maestro.
Pero Baereswyl aseguró que no existirá problemas con el producto final, sea plan costero y planes reguladores, tras agregar que actualmente se están modificando estas planificaciones comunales -desde noviembre- a partir también del estudio de la UBB y las modelaciones de la UCSC. “Por el apuro parece desordenado, pero tuvimos que trabajar en paralelo porque esta es una emergencia. Un plan regulador se modifica en dos años, entonces no podíamos esperar eso”, explicó el también asesor urbanista de la Municipalidad de Concepción.
Pero los cuestionamientos continúan, pues para Jaque otro problema es que el gobierno ahora está realizando 22 modificaciones normativas en diversas planificaciones, pero cree que en algunos casos se está acomodando lo normativo a un plan maestro general, sin estudios específicos, es decir no sólo los bueyes delante de la carreta sino también haciendo calzar lo ya diseñado, en general, con las normas específicas de riesgos.
Una de las razones fundamentales para la crítica de Jaque se basa en que ella está liderando un trabajo de riesgos costeros del Departamento de Geografía, por lo que el Ministerio de la Vivienda le solicitó su colaboración en el mapa de riesgos, pero después del trabajo que efectuó la UBB. El problema es que Jaque encontró algunas deficiencias a la investigación en que se basa el plan maestro de la zona costera, principalmente porque sería muy general, con escaso trabajo geográfico, que es su especialidad. Un ejemplo es el caso de Tirúa.
Recuadro
Diferencias acerca de qué y dónde construir: el caso de Tirúa
Tirúa es un ejemplo de la inexistencia de normativa para construir en la zona costera desde antes del tsunami y de las diferencias que arrojan los estudios de la UBB y el que ejecuta la U. de Concepción, debido a que sus conclusiones son distintas acerca de dónde y qué construir.
La ciudad ubicada al extremo suroeste de la Región del Bío Bío está instalada, en más de la mitad de su extensión, en zonas inundables del Río Tirúa, explica Edilia Jaque, “lo que se debe a una falta de planificación en su crecimiento”. Esto se debe a la carencia de normativas relacionadas con los riesgos, es decir, a la capacidad de poder trasladar comunidades, definir áreas habitables, realizar estudios previos, etcétera, que permitan diseñar una ciudad armónica y alejada de riesgos naturales.
Una vez ocurrido el tsunami, y tras el estudio realizado por la UBB y la modelación de maremotos de la UCSC, el plan maestro de la zona costera propone la reparación de los espigones de protección del río, la construcción de rellenos y un parque en parte de la costanera y otro parque de mitigación en la zona ubicada entre la ciudad y el mar (ver infografía). Sin embargo, Jaque expresa que, además de esas medidas, se definió realizar construcciones en una zona donde impactó el tsunami del 27 de febrero.
Específicamente, cuenta que en el lugar en que se planifica levantar viviendas tsunami-resistentes, construir una biblioteca étnica, reponer la tenencia de Carabineros, la construcción de la casa de la cultura y la reparación del gimnasio municipal, están en la zona por donde pasó el tsunami. “El problema es que un maremoto no es mitigable”, advierte la especialista. En tanto, Suazo señala que se puede construir en esos lugares, pero no casas ni recintos educacionales ni de la salud.
Según Edilia Jaque, el problema de decidir construir en esas zonas es justamente porque la planificación del borde costero no se basó en estudios específicos y profundos respecto de la vulnerabildiad y riesgos naturales en Tirúa. Estudios que ella está realizando y con los que, ahora, está tratando de modificar algunas propuestas del plan costero ya terminado.
| Tirúa 2014 |
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