Marzo 2011: Terremoto y tsunami no fueron tan destructivos de lo esperable en un 8,8º Richter
Mientras la información científica sigue entregando lentamente sus datos del terremoto, aún así parece ir a una mayor velocidad que la capacidad del Estado para generar políticas de prevención y educación para la comunidad, afirman los mismos especialistas.
El impacto que produjo el terremoto y maremoto en las estructuras y los habitantes de las regiones del Bío Bío y Maule fue menor al que puede llegar a generar un sismo de 8,8 grados.
Hace exactamente un año se produjo una ruptura en la zona de contacto entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana que liberó una energía de 8,8 grados en la Escala de Richter, lo que lo empinó al quinto lugar de mayor magnitud entre todos los sismos que han tenido registros por la tecnología humana. Además, se produjo un tsunami de, al menos, tres olas o alzamientos de mar de hasta 20 metros.
Sin embargo, el impacto del movimiento de la tierra y las entradas de mar en las estructuras, elementos, casas, edificios y en la percepción de los habitantes más cercanos al epicentro no fue tan grande de lo que pudo llegar a ser. Claro que también pudo ser menor, pero lo que preocupa es que hay que estar siempre preparados para los peores escenarios.
¿Y por qué no fue tan destructivo?
El doctor en Sismología de la Universidad de Concepción Klaus Bataille explica que la magnitud en grados Richter no es el único factor que se debe tener en consideración para representar el impacto de un terremoto, sino también la aceleración de las ondas que genera la ruptura. En el caso del sismo de Cobquecura la aceleración más alta registrada fue de 0,65 G, en el acelerómetro ubicado en el Colegio Concepción de San Pedro de la Paz. Y, por ejemplo, en el caso de reciente sismo 6,3 grados Richter de Nueva Zelanda, la aceleración fue superior a 1 G. Superando 1 G, un elemento que está sobre una superficie es levantada de ella en el movimiento vertical.
De allí que este terremoto de sólo 6,3 grados fue más destructivo que el de Cobquecura y no tiene relación con que los edificios de este país sean de peor calidad que los chilenos. Lo mismo sucede en los casos de Haití o en sismos en Turquía, donde siempre se sabe de mayor destrucción en comparación con lo que estamos acostumbrados en Chile. También es un factor, porque claramente las construcciones de Haití son más frágiles que las nacionales, pero no es para vanagloriarse demasiado, pues no se puede decir lo mismo de Nueva Zelanda.
Una de las razones para que se generen estas diferencias en la aceleración de los sismos tiene que ver con la ubicación del epicentro, explica Bataille. Y en el caso de Nueva Zelanda, Haití y Turquía los terremotos generalmente tienen epicentro a muy baja profundidad. De hecho, el ocurrido en febrero en el país-isla del Océano Pacífico tuvo un epicentro de sólo 5 kilómetros de profundidad. El de Cobquecura tuvo un epicentro de 30 kilómetros. Y aunque no deja de ser bastante superficial –en Chile hay sismos con más de 120 km. de profundidad-, la diferencia es y fue importante. Además, en el caso de Nueva Zelanda el hipocentro o punto en la superficie terrestre del epicentro, estaba a sólo 5 kilómetros de la ciudad neozelandesa más afectada. En nuestro caso, Concepción está a unos 70 kilómetros de Cobquecura.
En el caso del tsunami, para el oceanógrafo de la Universidad Andrés Bello Alfonso Campusano también hubo factores circunstanciales que hicieron que las olas del tsunami no fueran tan destructivas. Se basa en un elemento: la altura alcanzada. Sin considerar los 20 metros hasta donde salpicó el agua en Tirúa o los 10 metros alcanzados en Constitución, para el caso de Talcahuano, por ejemplo, el alzamiento del mar pudo ser de hasta 2,5 metros mayor. ¿Por qué? Porque si se suma el alzamiento de tierra que produjo el terremoto y el menor nivel de marea que había esa madrugada de Luna llena, se llega a unos 2,5 metros más que hubiese tenido la altura del tsunami en el puerto.
Además, según contó el sismólogo Arturo Belmonte, ha logrado comprobar en terreno, en conversaciones con pescadores y habitantes de la costa, que la primera ola del tsunami, esa que alcanzó más de 10 metros de altura, no llegó a la costa entre Coronel y Cobquecura (ver recuadro).
Para ambos especialistas, este tipo de consideraciones son las que ahora deben tener en cuenta las personas y, especialmente, las instituciones estatales y privadas al momento de definir planes de emergencia, impactos futuros, normas de construcción, mapas de inundación y educación a la comunidad. Elementos fundamentales para convivir con los normales terremotos y tsunamis, normales aunque se produzcan cada 50 ó 100 años en las costas de la Región del Bío Bío. Educación que no significa siempre extremar las alarmas y medidas de seguridad, pues llamar a la ciudadanía a subirse a alturas superiores a los 30 metros, aunque se esté a 4 kilómetros del mar, es una exageración y falta de conocimiento científico, destaca el oceanógrafo de la Universidad de Concepción Samuel Hormazábal.
¿Y cómo está Chile y la Región para enfrentar una nueva emergencia de estas características, tras lo aprendido con el “tsunami falso” de 2004 y el verdadero terremoto y maremoto de 2010? “Bastante mal: no existe una política nacional ni se aprecian cambios dirigidos hacia la educación, no formación importante de profesionales especialistas en terremotos y tsunamis ni la capacidad de mantener una red nacional sismológica, ni la inserción real de las fuerzas armadas; no tenemos evacuación ni coordinación interinstitucional y tampoco recursos dispuestos en las cantidades requeridas para estas necesidades”. Así lo señala el sismólogo de la Universidad de Concepción Arturo Belmonte. Y no sólo él, pues con algunos matices, Bataille, Campusano y Hormazábal opinan lo mismo: Chile, a un año del terremoto, no está preparado para otro.
Campusano cuenta que, hasta ahora, las cartas de inundación siguen siendo las mismas a las que existían antes del terremoto. “Para el tsunami de 1877 en Antofagasta el mar llegó a los 20 metros de altitud, pero el SHOA sigue trabajando con mapas de hasta 5 metros. Se lo he dicho a las autoridades navales”, cuenta el oceanógrafo de Valparaíso.
Según Hormazábal, las tres áreas de mayor importancia para prevenir los impactos destructivos de estos eventos naturales es la educación, en un lejano primer lugar; la creación de una masa de especialistas que, si existen, no participan en las decisiones del Estado, o no tienen las capacidades suficientes; y en tercer lugar, la tecnología. Para todo ello se necesita decisión política de Estado y recursos. Para los cuatro científicos, nada de esto ha ocurrido.
Reconocen que existe una mayor preocupación y exposición pública del tema, pero que hasta ahora los cambios son sólo superficiales y, según las señales entregadas hasta ahora, estamos lejos de un cambio fundamental. “En estos casos, en que se aprecia a las autoridades sin tomar las medidas necesarias, es la comunidad la que debe generar una cultura horizontal y una presión suficientes para obligar a tomar decisiones en ese camino”, afirma Belmonte.
Hormazábal se explaya en sus propuestas: “la educación es el mejor sistema de prevención y alerta que se puede tener. Así lo saben todos los expertos del mundo en esta materia y los Estados que están realmente preocupados, como Japón”. Explica que no se trata sólo de entregar folletos, sino que se debe insertar esta información en el sistema formal educativo.
Un segundo elemento es la creación de cartas de riesgos por tsunami, “que va más allá de la confección de mapas de inundación”, sino que además de éstos considere lugares de evacuación, zonas seguras, con diversos escenarios ante distintos tsunamis, coordinaciones, etcétera”. Concluye diciendo que en Chile seguimos aplicando soluciones parche que se prolongan hasta el parche siguiente.
Lo positivo hasta ahora han sido los esfuerzos individuales y de algunas instituciones por mejorar el conocimiento, la coordinación con gobiernos y organismos extranjeros, algunos estudios menores sobre riesgos -“pero que requieren ser profundizados”, señala Hormazábal-; las nuevas normas de construcción, pero que no consideran estudios específicos por zonas y regiones. En definitiva, son avances que estás llenos de peros, es decir, llenos de parches.
Sismo de Cobquecura tuvo inéditas dos fracturas
El terremoto del año pasado dejó dos grandes enseñanza para la ciencia internacional, especialmente para los científicos chilenos. La primera fue que la ruptura generada desde el epicentro no fue una sino dos. Una desde el epicentro frente a Cobquecura con dirección al sur, que llegó hasta el Golfo de Arauco – Tirúa, y una segunda con dirección al norte que alcanzó hasta la Región de Valparaíso. Esta observación es inédita en Chile. Sí se ha registrado en otras partes del mundo. Hasta ahora, todos los terremotos conocidos de Chile habían producido una ruptura en dirección sur desde el epicentro.
Y la otra información que registraron los instrumentos instalados antes y sobre todo después del terremoto, es que las rupturas de este terremoto llegaron más allá de los límites que se habían identificado respecto a las rupturas de terremotos anteriores. Por ejemplo, el sismo de Valdivia tuvo una ruptura hacia el norte que sobrepasó levemente la zona de Arauco, mientras que el de 2010 hizo lo mismo hacia el sur. Y el de 1985 rompió una zona de Maule que éste de 2010 también lo hizo. Se creía que existía un límite casi exacto entre las rupturas de cada sismo, pero sucede que ambas rupturas “se cruzan” más allá del límite. Esta fue la razón de que la predicción que existía para un terremoto entre Arauco y O´Higgins fuera menor en magnitud (8 grados) que lo que realmente ocurrió.
¿Qué significa eso? Bataille aclara que, por ahora, no existe ninguna conclusión definitiva, pues hay sólo hipótesis que requieren ser comprobadas con la gran cantidad de datos que aún se obtienen del terremoto y de sus réplicas.
La ocasión en que se espera tener más respuestas es en el próximo verano, estación en la que la universidad penquista realizará un congreso internacional en el que espera reunir a buena parte de los científicos que vinieron a Chile tras el sismo y que actualmente analizan estos datos en sus respectivos países. La organización del congreso ya comenzó.
Primera ola no impactó a Talcahuano ni Dichato
Tras meses de investigación en terreno, recorriendo desde Arauco hasta la Región del Valparaíso, el sismólogo Arturo Belmonte comprobó que la primera ola del tsunami del 27 de febrero, esa que llegó entre 20 y 40 minutos después del terremoto, con hasta 10 metros de altura, no alcanzó las costas de Talcahuano ni Dichato.
En su investigación en terreno comprobó, al conversar con habitantes y pescadores de casi toda la línea costera, que esa ola llegó con leves variaciones de tiempo frente a Tirúa y desde Pelluhue hasta Llo Lleo.
¿Qué pasó entre Coronel y Cobquecura? Existe la hipótesis de que la fractura norte del terremoto fue la que produjo la primera gran ola, no generando lo mismo la fractura sur, pues justamente desde Cobquecura, el sitio del epicentro, al sur no hubo primera ola. Sólo secundarias de hasta 7 metros de altura. Entonces, ¿cómo se explica que sí llegara una ola en el mismo momento a la zona de Tirúa, que alcanzó más de 10 metros?. La posibilidad es que esta zona de Arauco –muy particular en la mecánica sísmica del país- se haya activado alguna falla ubicada en esa área.
Sin embargo, aclara el propio Belmonte, son sólo teorías respecto a lo sucedido, pues también influyen las alturas de la costa y del fondo marino.
Lo que sí ya estaría claro, es que las otras olas llegadas con posterioridad de hasta cuatro horas, se deben a que la primera ola que impactó en Maule habría viajado a menor velocidad tras chocar con la costa, debido a que el viaje de una ola por una zona de menor profundidad hace que su velocidad disminuya desde los 500 km/h de alta mar a unos 50 km/hora en la costa.
La confirmación la entregó Campusano, quien dijo que esa teoría suya fue aceptada y confirmada por el sistema sismológico de Estados Unidos. Propuesta que, coincidentemente, Belmonte también sostenía.
En el caso de más olas en distintas bahías, respondería a la geografía de cada sector, especialmente de zonas cerradas y con apertura hacia el norte, como la Bahía de Dichato.
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