Noviembre 2017: Científico y artista: una cohabitación conveniente
Un científico, aquel creado en años de academia e investigación, de pronto está en una casa solitaria sobre un cerro, observando el mar abierto. Piensa. Aprecia el azul en sus diversas tonalidades oceánicas mientras analiza la posibilidad de realizar una nueva investigación de las corrientes marinas.
Pero no está solo. A su lado, una artista que comienza un diálogo, quiere conocer sus métodos de análisis para mejor crear, para lanzarse al interior de un otro que le mostrará, muy probablemente, nuevos rumbos estéticos.
Y ahí se les ve, dos personas observando el alicaído sol, quizás hablando de los hermosos cambios de colores mientras avanza el ocaso o de las ondas curvadas por las nubes que descomponen la luz blanca. Unidos al fin en la búsqueda de conocimientos y percepciones, aquello que decenas y centenas de años de formación social han dividido en parcelas y nichos, sin detenerse a apreciar que la tierra es una y que los muertos van, todos, al mismo lugar.
Esta inédita experiencia que ha unido a un científico y a un artista ocurrió en esta zona del Bío Bío, detrás de la Bahía de Coliumo frente al mar abierto. Y no fue una pareja, sino cinco las que desde sus especificidades intentaron complementarse en esa necesidad redescubierta de la integralidad. Son Residencias, creadas para los artistas, pero en esta ocasión complementado con un área del conocimiento que, generalmente, trabaja aislado: la ciencia.
“Esta es una búsqueda también en el ámbito de la epistemología de la ciencia. ¿Ella llega sola al conocimiento?. No se trata sólo de conocimiento interdisciplinario, entre ciencias, sino fundamentalmente de la búsqueda de verdades con nuevas metodologías, otras sensibilidades, diversos enfoques y relaciones”, explica con acento crítico Leslie Fernández, una de las directoras de esta iniciativa que se desarrolla en Casapoli, aquella residencia de cúbica arquitectura que mira el mar.
La idea de residir en espacios y entornos nuevos y enriquecedores no es nueva para el arte, es una de sus metodologías de trabajo. (¿Quizás una potencial para la ciencia?). Así aprenden, comprenden, observan microculturas, paisajes. Pero ahora de la mano de Leslie y de Oscar Concha, el otro director, dieron un salto en la experiencia, para compartir con quienes “¿con métodos distintos quieren llegar a lo mismo?”, se pregunta la directora, también artista y académica de la Universidad de Concepción. Porque, claro, ambas áreas del hacer humano son producto de la cultura, y parecen tan distantes.
De allí su pretencioso objetivo: romper con la especialización y la individualidad que genera la universidad y el proceso económico de la sociedad completa. “Hay una unidad lógica que la universidad separa, como el color, la textura y otros elementos de la “observación científica y la creación artística”, complementa Leslie Fernández.
Es primera vez que se hacen Residencias de a dos. Es original. Porque es la necesidad también de reducir los egos, los egoísmos y los encierros. Es la búsqueda de una conexión social, especialmente de los científicos. El ideal es un Maturana o un Da Vinci, explica la directora. “Hay científicos que son músicos, por ejemplo, pero en su actuar científico lo separan completamente”.
Se atrevieron a innovar y abrir sus cualidades el geólogo Andrés Tassara junto al artista Eduardo Cruces, de Lota, quienes dialogaron acerca de las minas de carbón; el oceanógrafo Osvaldo Ulloa junto al artista visual y fotógrafo Francisco Navarrete; Álvaro Espinoza, biólogo marino, y el temuquense Gonzalo Cueto, que hablaron de lo mapuche. También la artista Natascha de Cortillas y la antropóloga Noelia Carrasco, que complementaron cultura y acciones culinarias; y el pintor santiaguino Alejandro Quiroga junto a Javier Ramírez, historiador del arte. Mundos complementándose, amalgamando sus acervos como dos plasticinas de colores.
Allí partió un diálogo muy abierto, conociendo expectativas y experiencias. “No es para que el artista haga una obra. La idea es conocer sus mutuas metodologías de trabajo, por ejemplo; valorar los procesos, con artistas que realizan trabajos con rigurosidad o los científicos con sueños y propuestas subjetivas”, aclara Leslie.
De allí surgieron textos, nuevas ideas, charlas para el colegio, quizás algún pintor creará sobre nuevas imágenes y un científico decidirá otro camino en su método; una instalación artística basará sus espacios en fórmulas o el marco teórico hará un guiño a lo ancestral. Ya hay una semilla instalada en ambos, esa formación originaria de textura suave y tamaño relativo.
Recuadro
Una nueva forma de residir
“Los programas de residencia constituyen una de las tendencias cada vez más consolidadas en los procesos de formación de artistas profesionales, puesto que actúan como instrumentos efectivos de vinculación de la producción visual con un contexto determinado. Se trata de una metodología educativa, complementaria a los programas académicos, que busca desarrollar trabajos que reflexionen y se relacionen con entornos específicos.
“Uno de los fines principales que motivaron la creación de Casapoli fue el desarrollo de las residencias para artistas visuales, considerando la necesidad de potenciar el centro y sur de Chile e incentivar la descentralización que afecta a todas las áreas de desarrollo nacional”.*
Casapoli es un espacio cultural que cuenta con un edificio propio emplazado desde 2005 en la Península de Coliumo, comuna de Tomé. Sus gestores y propietarios son los artistas Rosmarie Prim y Eduardo Meissner y los arquitectos Sofía von Ellrichshausen y Mauricio Pezo.
En 2016 realizaron 12 residencias de entre dos semanas y un mes. Es una metodología tradicional en el trabajo artístico nacional e internacional. Ha habido proyectos similares, pero cuesta mantenerlos. Existen en forma permanente en Tomé, Chiloé y Antofagasta.
El Consejo de la Cultura y las Artes hace un programa de residencias de hasta 3 meses, que incluye arriendo de lugares cuando no hay espacios dedicados para ello. En octubre de 2017 se desarrollarán dos de estas residencias en Casapoli.
*Extractos del proyecto “Territorio Compartido…”.
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| Arauco 2007. |

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