Diciembre 2018: “La enseñanza de la ciencia debe incluir inyecciones de provocación”
Modesto Támez, educador mexicano de niños y adultos con 40 años de experiencia
Cree más que nada en la práctica, en la potencialidad de los materiales sencillos y, principalmente, en desarrollar la capacidad científica innata del ser humano, que en nuestra sociedad se fomenta y ejecuta sólo hasta los 3 años de edad.
Aunque no es médico, es precursor de “inyecciones periódicas de provocación”; inoculaciones que recomienda para niños, niñas y jóvenes al enseñarles ciencia o, mejor aún, su metodología. Aquella que, explica, poseen todos los menores de tres años de edad y que van perdiendo en la enseñanza formal.
Es Modesto Tamez, mexicano de 71 años de edad, reconocido educador en ciencias, formado en la Universidad de Illinois, en Chicago, donde se especializó en geología y educación primaria. Fue profesor de ciencias durante casi 18 años. “Empecé como profesor bilingüe en tercer grado y luego hice ciencias de kínder a octavo, en secundaria también y luego me ofrecieron trabajar en Exploratorium, un centro de educación científica donde capacito a profesores de ciencias; después escribí un primer libro con un colega brasileño y ahora me voy por cuarta vez a enseñar ciencia a los monjes tibetanos. Un paso me llevó al siguiente. Siempre digo que “sí”. Es mi palabra favorita. Y aquí estoy en Concepción tras 40 años de enseñar ciencia por todo el mundo”.
También ama la música y ha enseñado la ciencia del sonido en la Sinfonía de San Francisco, la física de la danza en el Ballet de San Francisco y la ciencia de la ópera en la Compañía de Ópera de San Francisco. Hoy está aprendiendo a tocar ukelele, para integrarlo a su pasión jazzística.
Se plantea que para comunicar la ciencia se deben ocupar metodologías entretenidas, pero otros hablan de relacionar las materias científicas con lo cotidiano de las personas. ¿Cuál es la mejor opción?
La entretención es un subproducto, pero no es mi meta. No es la idea estar contando chistes ni creer que lo que es bueno tiene que entretener. Pero si haces una clase buena el niño se va a ir contento.
Sí veo que, a veces, los profesores hablan más de lo que deberían, con explicaciones de conceptos que finalmente se transforman en barreras al aprendizaje. Ellos deben crear un ambiente para que los niños aprendan. Es más bien un entorno de provocación. Si les llenas un vaso con agua, lo tapas con una tarjeta y lo inviertes sobre la cabeza… y no cae agua. Para ellos es “¡guau, qué pasó ahí!”. Esa es una provocación para saber qué ocurre y cómo. Y esto debes hacerlo cada 15 a 20 minutos, para que los niños no se cansen. Necesitan esas inyecciones periódicas de provocación.
Yo les digo a los profesores que hagan esas clases interactivas al menos una vez a la semana. Que lo practiquen, lo intenten y luego avancen un poco más. Sólo así los niños irán descubriendo por sí mismos. Es difícil, es cierto; y acá en Chile es más difícil aún por la falta de materiales. Es impresionante la precariedad de materiales para enseñar. Pero ante esa dificultad se pueden ocupar materiales muy baratos, casi con basura. Porque a veces pasa al revés: donde tienen muchos materiales de calidad, no dejan que los niños los usen porque se pueden dañar.
También es relevante la reiteración. Así se aplica en matemáticas o lenguaje, pero en la ciencia es todo nuevo. Entonces, para cada explicación es importante reiterar la idea o concepto con varios ejemplos prácticos diferentes. Si no queda claro en el primero, será en el segundo o tercero.
Un científico chileno acaba de decir por la prensa que para difundir la ciencia hay que tener más pasión que técnicas.
Hay que tener pasión, ganas, energía; porque si ves un profesor sin esas características, la clase será desmotivante. Tienes que amar lo que estás haciendo para que los niños también lo amen.
Usted ha dicho que a los niños y niñas hay que entregarles menos contenidos, pero con mayor profundidad. ¿No será especializarlos mucho para su edad?
No. Lo que pasa es que si les entregas cien datos de cien diferentes cosas van a captar el 10 por ciento y todo lo demás se les va a olvidar. Pero si le enseñas una cosa durante más tiempo, se le olvidará la mitad, pero retendrá la otra mitad. Lo importante es cómo le entregas esa profundidad, con qué metodología. Y en la metodología es clave la emotividad, el contacto, la experiencia.
La ciencia entrega conocimientos, pero al parecer su mayor valor está en masificar una metodología de aprendizaje.
Sí, el proceso es lo más importante. En él igual vas a tener conocimientos.
Lo que sucede es que nosotros nacemos aprendiendo con la metodología científica, pues los niños aprenden haciendo experimentos hasta los 3 años de edad, como cuando tiran los objetos al aire para ver si caen y a qué distancia según la fuerza que ocuparon. Y esa es la metodología que no debemos olvidar y potenciar en el colegio, en la que aprenden por el proceso más que por el contenido, donde creas una provocación, te haces preguntas, experimentas y luego sacas conclusiones; y luego nuevamente el ciclo.
Casi toda la difusión de la ciencia, a nivel estatal especialmente, está dirigida al mundo escolar, basados en que para cambiar el mundo hay que empezar con ellos para tener un planeta y una sociedad mejores en el futuro. ¿Pero qué pasa en el presente con el resto de la sociedad, los padres, los dirigentes sociales? ¿No están un poco abandonados en esto de la difusión de la ciencia y sus metodologías?
Pero si un padre es un carpintero o un electricista está haciendo mucha ciencia. Son precisamente los niños quienes les enseñan mucho, pero además es como te digo: los padres hacen cosas científicas todo el tiempo, aunque no conozcan los conceptos.
Usted además tiene trabajos y experiencia respecto de la educación científica según las culturas en las que se desarrollen. La enseñanza de la ciencia y su metodología, ¿cambia según la cultura? ¿Es igual o diferente en Chile, India o Corea?
Fui a Japón. Siempre creí que los niños japonenses eran muy inteligentes, que la clase sería muy fácil. Y son muy inteligentes, pero tuve que hacer un gran esfuerzo porque en esa cultura están muy enfocados en crear datos y memorizar. Tardé más de una hora y media en despertar la curiosidad de los niños. Y al revés: una vez enseñé a unos niños del rancho (campo) en México y no tenían la habilidad de leer, no hablaban; pero tenían mucha experiencia en hacer cosas, y cuando empezamos a experimentar ahí despertaron.
Por eso es importante en toda cultura el conocimiento mutuo entre profesor y alumnos. Ocupar los primeros 20 minutos en saber quiénes somos y para qué estamos ahí. Puedes llevar un caballo a tomar agua, pero si no quiere no va a beber de ella. Por eso, a las personas les debes explicar que es bueno beber porque es sabrosa y les hace bien. Los primeros 5 minutos estoy vendiendo el producto. Y ese es el segundo paso luego de la provocación. El tercero es ir viendo si están entretenidos, si están entendiendo.
En el mundo de la academia y la ciencia universitarias o de centros de investigación, hay científicos que se han dedicado a difundir, en un extremo; y hay otros que definitivamente no les gusta o consideran poco relevante difundir, en el otro extremo.
Necesitamos personas que hagan una cosa y otras que realicen la otra. Si una persona hace un buen trabajo científico y no quiere difundir, no veo problema. Ahora, no sé cómo será acá, pero en Estados Unidos enseñar es lo mínimo, lo básico que debe hacer un científico. Además, es una gran pérdida que grandes científicos no quieran enseñar. Pero sucede. Por ejemplo, Einstein era el peor profesor.
Porque está la posibilidad de que a los profesores universitarios los evalúen también por difundir la ciencia; además de calificarlos por dar clases a los jóvenes y por investigar. Sería la trilogía tradicional evaluada: docencia, investigación y extensión (o vinculación con el medio, como se le llama ahora).
Debiera hacer espacio para todos. Porque por ejemplo yo perdí a un gran profesor porque no hacía nada de extensión. Pero es que él era sólo PROFESOR. Esa situación no es justa. Una frase china dice “dejemos que las flores broten”, es decir, hay espacio para todas las posibilidades.
La idea es que se complemente la comunidad científica realizando distintas funciones
Así es.
| Lenga 2013 |
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