Mayo 2020: El ¿último? tirón de placas
Investigación concluida a principios de 2020, en la que participó el Dr. Marcos Moreno Switt, de Geofísica UdeC, indica que los procesos de carga y descarga de energía sísmica están controlados por la interacción entre procesos que ocurren en una zona ubicada a más de 50 kilómetros de profundidad en la Tierra.
No es un riesgo decir que una mayoría de la población chilena sabe que casi todos los terremotos más grandes y conocidos se producen por la convergencia de dos placas tectónicas; una de las cuales, la oceánica, se mete por debajo o subducta a la otra, la continental. La primera, Placa de Nazca, se mueve unos 7 centímetros al año en dirección Este, o sea, desde el océano hacia la Placa Sudamericana. Hasta ahí, todo bien.
Sin
embargo, hace algunas semanas hemos sabido que, al parecer, pequeñas
variaciones u oscilaciones se producen en sentido contrario a este movimiento
principal antes de algunos terremotos; lo que sí parece ser más riesgoso afirmar.
Pero habiendo datos que lo confirmen, obtenidos por instrumental preciso, eso
parece posible.
Subducción y sismo
Ya
se sabe desde hace algunas décadas que al subductar una placa bajo la otra,
ocurre que ambas placas se traban y comienzan a moverse juntas hacia el Este,
en el caso de Chile. Este choque acumula energía en la parte más superficial
del contacto entre las placas (hasta 50 a 60 kilómetros de profundidad), donde
se producen los terremotos más grandes en la Tierra. Y el gran sismo ocurre
cuando este trabamiento termina con un abupto rompimiento de esta falla entre
ambas, generando el rápido movimiento de la placa superior o sudamericana hacia
el Oeste, o sea, en dirección al mar. Y todo este proceso es posible de
observar a través de instrumentos de posición satelital y con sismógrafos.
En
eso estaba este grupo de científicos, gracias al financiamiento obtenido a
través de la Agencia de Ciencia de Alemania y CONICYT (hoy Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo),
cuando analizando datos anteriores a los terremotos de 2010 en Chile y 2011 en
Japón, se dieron cuenta de que meses antes de que estos sismos ocurrieran se
detectaron oscilaciones anormales en la dirección de movimiento, entre 4 a 8
milímetros hacia el Oeste en el caso sudamericano. Es decir, al parecer existen
oscilaciones en la velocidad de descenso de las placas por cambios de la
propiedades de sus rocas en mayor profundidad, lo que acelera la caída y
aumenta los esfuerzos físicos en la zona más superficial del contacto antes de
grandes terremotos.
Lo
más extraño fue que ambos terremotos ocurrieron luego de una segunda
oscilación. Analizaron y evaluaron posibles causas para explicar estos
movimientos, hasta comprobar que sí: estos cambios están relacionados a la
interaccion entre procesos a distintas profundidades, lo que se conoce como “terremoto
lento”. Y lo más novedoso es que, en ambos casos, pero también en otros sismos
en Chile y el mundo, estos “terremotos lentos” se produjeron meses antes de
terremotos normales, en su concepción tradicional.
Sobre
estos análisis se acaba de publicar un artículo científico en la prestigiosa
revista “Nature”, producto del trabajo de un grupo de científicos entre los que
está el Dr. Marcos Moreno Switt, quien desde antes del terremoto de 2010
investiga los mecanismos que podrían estar indicando movimientos previos a
grandes terremotos. Lideró el paper Jon Bedford,
quien fue el primer estudiante de doctorado de Moreno en Alemania.
Fases de aceleración
“Esta investigación ha permitido
detectar señales anteriormente desconocidas relacionadas a los procesos de
terremotos. Primera vez que se identifica de manera robusta oscilaciones de
gran escala, de unos 1.000 kilómetros de extensión, en zonas de subducción
antes de la ocurrencia de grandes terremotos. Anteriormente sabíamos que la
placa oceánica es constantemente subductada bajo el continente. Pero no se
había documentado que este proceso de subducción de la placa puede tener fases
de aceleración que afectan la ocurrencia de terremotos”, explica Moreno,
geólogo investigador del Departamento de Geofísica de la Universidad de
Concepción.
Estos científicos ya manejan una
hipótesis para este “extraño” comportamiento de las placas, y es que en la zona
más profunda de este contacto entre ambas, a más de 50 ó 60 kilómetros de
profundidad, las rocas de la placa oceánica se desidratan y cambian su
composicion por el aumento de la temperatura. Debido a ello, aumenta también su
densidad, su peso y la velocidad de caída en el proceso de subducción. Como estos
movimientos ocurren donde las rocas tienen un comportamiento viscoelástico, se
produce un rebote en sentido contrario, es decir, un movimiento lento opuesto
al sentido normal.
“Esto nos indica, por primera vez,
que los procesos de carga y descarga de energía sísmica están controlados por
la interacción de procesos a distintas escalas espaciales en una determinada
zona de subducción, o sea hay una conexión entre procesos profundos (más de 50
kms. de profundidad) y la zona mas superficial, la zona sismogénica, que libera
la energía mediante los grandes terremotos”, explica el académico.
¿O sea que cada vez que hay un
terremoto se produce este proceso? No se sabe y eso es lo que se debe estudiar,
como también la posibilidad de que el proceso ocurra y no genere un terremoto.
Sí se sugiere que este movimiento contrario podría ser un gatillante o
potencial precursor de un sismo mayor cuando la zona interplaca en subducción
esté en la última etapa de su ciclo sísmico, es decir, cuando sea una zona
madura, con alta energía acumulada, de tal forma que este tirón sea un envión
final y previo a un terremoto importante. “Aunque aún estamos lejos de predecir
cuándo ocurrirá un terremoto, la observación de estas señales sí es un paso en
la detección de los procesos que preceden a los grandes terremotos”, precisó
Marcos Moreno.
“Precursor”
Sin embargo, la investigación
continúa, pues ahora el doctor Moreno lidera una nueva investigación Anillo
denominada “Precursor”, con la que continuarán analizando información de
observaciones previas de grandes sismos. Además, instalarán instrumental en el
norte chileno para ver si logran captar señales que confirmen o descarten las
hipótesis señaladas, pues esta es una zona sismogénica madura en la que podrían
producirse este tipo de movimientos en la superficie terrestre. “Con “Precursor”
instalaremos una red densa de estaciones de GPS entre La Serena y Taltal, y
realizaremos un experimento sismológico con la participación del centro de
investigación GFZ de Alemania, para tratar de detectar con la mejor precisión
esta deformación lenta anómala e identificar su relación a la sismicidad”,
señaló el director del nuevo desafío.

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