Julio 2019: Gabriel León defiende teoría de que los transgénicos se basan en mutaciones naturales
Bioquímico señala que “sólo es un paso más”, pues “somos naturaleza haciendo naturaleza”
Por lo menos en cierto ámbito social, cuando se escucha acerca de alimentos transgénicos, rápidamente existe una sensación de negatividad, de algo dañino; y en el peor de los casos lo relacionamos con la trasnacional Monsanto y su mala imagen como productora de agrotóxicos, agroquímicos y todo lo que huela a alimentación modificada y negativa.
Sin embargo, hay personas que no tienen esa percepción. No digo de Monsanto, sino de los alimentos modificados genéticamente. Y para quienes tienen esa sensación negativa llama la atención que quien trate de explicar sus beneficios sea un científico. Y lo hay y es muy conocido: Gabriel León, difusor de las ciencias, bioquímico y doctor en biología celular y molecular, que lleva 10 años investigando en biotecnología agrícola, es decir, conoce de cerca los transgénicos.
Para empezar, según él existe una idea muy equivocada respecto de los alimentos que comemos. “Hablan de naturaleza en forma majadera, como si la lechuga, el tomate o el maíz hubieran estado ahí y nosotros los tomamos y los comimos. Algo que para mí era evidente por mi trabajo, en la discusión sobre transgénicos no lo era. Y me dije: no puedo seguir hablando de biotecnología agrícola si no hablo de historia de la agricultura… Porque el choclo no es un regalo de la naturaleza, sino el fruto del trabajo de los productores de la Antigüedad. Existe una falacia muy instalada en la sociedad y es la falacia “naturalista”… Cuando en el fondo nosotros somos naturaleza haciendo naturaleza”.
-Tras el cambio alimenticio de ser cazadores-recolectores a agricultores, ¿hoy seguimos siendo agricultores?
“Eminentemente. La revolución del neolítico fue la mayor revolución de la humanidad basada en la agricultura. Surgieron las ciudades cuando el ser humano se instala, empieza a tener propiedades, a eliminar las malezas y a cultivar lo que desea. Y produce animales domésticos.
“Porque si uno quisiera alimentarse de cosas naturales estaría en grave riesgo, porque no han sido seleccionadas como alimento. Las plantas no pueden moverse, por lo que en la evolución generaron estrategias alternativas de sobrevivencia. No tienen garras, no pueden huir, pero te envenenan. Y cuando el ser humano descubrió eso, tuvimos que empezar a cultivar las menos tóxicas. Lo mismo ocurrió con la domesticación del lobo. El perro no es un lobo manso, es otro animal completamente distinto. Nosotros no domesticamos el maíz, la convertimos en una planta distinta”.
- Pero hay una diferencia con el transgénico, que es modificado genéticamente.
“El transgénico es algo nuevo, de hace 30 años. El cultivo transgénico es aquel que tiene genes de otra especie y que se hizo en el laboratorio utilizando ingeniería genética”.
-Por eso. Eso no se hizo antes.
“No, porque es algo nuevo. Lo que pasa es que siempre se hizo, pero antes seguíamos el fenotipo. Por ejemplo en los perros salchicha, lo de las patas cortas es una mutación que tú fácilmente puedes seguir. Si el perro tiene patas cortas es porque tiene una mutación. Entonces, sabiendo eso, lo cruzas y las patas chicas quedan en esa mutación. Con las plantas pasa lo mismo. Tienen mutaciones que son espontáneas.
“La ingeniería genética es sencillamente un paso más. Por ejemplo nosotros usamos radiactividad para hacer cultivos nuevos. Hay jardines radiactivos, donde tienes Cesio radiactivo y siembras alrededor, para irradiarlas permanentemente. ¿Para qué? Para mutar. Estamos apagando genes, prendiendo genes, eliminando genes. De repente sale algo interesante y lo comemos. La diferencia es que ahora sabemos qué genes estamos poniendo.
“Entonces, el miedo a la ingeniería genética en desmedro de lo natural tiene que ver con el desconocimiento respecto de cómo funcionan las plantas”.
- Para muchos el problema de fondo tiene que ver con los potenciales problemas que podría generar a la salud de las personas.
“Ese problema ya está zanjado a nivel científico. Cuando comes transgénicos comes proteínas, ADN, grasa. Supongamos un tomate transgénico -que lo vamos a suponer porque no existe- y un tomate natural. La diferencia es que uno tiene un gen que el otro no posee. Entonces, ¿dónde está el riesgo? No existe. Químicamente es lo mismo. La única diferencia es que se hizo en el laboratorio. El único riesgo sería que no supiéramos qué genes cambiaron, por ejemplo, con radiación. Que un gen tóxico lo hagamos más tóxico. Pero en ingeniería genética de precisión sabemos qué genes cambiamos y los alimentos se estudian en animales antes de liberarse. Llevamos 20 años comiéndolos y no existe ninguna evidencia de daño a la salud humana.
“Luego el discurso fue cambiando. Primero era la seguridad alimentaria: ´los transgénicos pertenecen a las empresas, por lo tanto van a dominar el mercado de los alimentos´. Hay cuatro cultivos transgénicos importantes: maíz, soja, algodón y canola. En el caso del aceite de canola, ese aceite no sabes si viene de transgénico o no, porque es sólo aceite. ¿Cuándo podrías llegar a comer genes transgénicos? Por ejemplo en las galletas. Te dicen: 'esta planta es transgénica!'. Oye, ¿cuál es tu preocupación?, ¿las proteínas?, ¿los genes? ¡Pero si comes proteínas y genes todo el tiempo! ¿Es el procedimiento?, ¿lo encuentras poco ético? O a lo mejor la discusión es otra, quizás tiene que ver con las patentes. Entonces hablemos de esos temas…”.
| Parque Nacional Conguillío 2010 |
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