Febrero 2022: Investigadores de Geofísica UdeC proponen método para pronosticar olas de calor en Chile central
Predijeron dos eventos de altas temperaturas durante este verano.-
El Dr. Martín Jacque Coper
lidera el equipo de climatólogos que han identificado señales atmosféricas
precursoras de olas de calor en el país unas dos semanas antes de que se
produzcan, fenómenos de altas temperaturas que impactan en la propagación de
incendios forestales.
Un
grupo de investigadores del Departamento de Geofísica de la Universidad de
Concepción ha logrado pronosticar, con unos 15 días de anticipación, dos olas
de calor que se produjeron en Chile central durante este verano, gracias a que
implementaron un modelo predictivo basado en el análisis de cambios de gran
escala en la atmósfera, explicó el Dr. Martín Jacques Coper, líder del estudio.
Se trata del monitoreo de dos precursores de olas de calor que se observan unas
dos semanas antes de que se produzcan en territorio nacional.
La primera de estas dos “teleconexiones”
atmosféricas es el ascenso de grandes masas de aire en el sector tropical del
Océano Índico, sobre Indonesia. Esta “convección profunda” gatilla una onda en
la atmósfera que se desplaza por el Océano Pacífico hacia América del Sur,
llegando en unas dos semanas a Chile central. ¿Y qué provoca esta onda
atmosférica? Pues favorece la intensificación de un anticiclón en el sur de
Chile, que es la condición previa y normal necesaria para la generación de olas
de calor.
Además se ha identificado un segundo
precursor, que de producirse aumenta la probabilidad de que se genere el
aumento de temperatura en el país. Se trata de otro cambio atmosférico, en este
caso al sureste de África del Sur, también sobre el Océano Índico. Esta es una
variación aleatoria -no regular como la primera- que también se desplaza por el
Pacífico hasta Chile propiciando el anticiclón. Este último es un sistema de alta presión que despeja el cielo de
nubes, lo que aumenta la radiación solar y calienta la atmósfera baja.
Las
olas de calor suelen ocurrir hasta cuatro veces cada verano chileno y duran, en
promedio, cinco días, según el análisis realizado por los investigadores para
el caso de Chile central. Y cuando se producen, “en sectores precordilleranos y
cordilleranos se promueve un viento del Este relativamente seco y cálido
llamado Puelche”, explicó Jacques, integrante también del Centro de Ciencia del
Clima y la Resiliencia (CR2).
Gracias
a esta metodología de observación atmosférica es que a comienzos de diciembre
realizaron un pronóstico en que ambos precursores se activaron. El primero
asociado a una convexión tropical profunda y el segundo denominado por Jacques
y su equipo como sETI (Índice Extra-Tropical Estandarizado). Este último
aumentó alrededor del 12 de diciembre, mientras que el primero ya estaba en una
condición propicia para el evento. Ante ello, anticiparon la alta probabilidad
de una ola de calor “navideña”, la que finalmente se produjo por algunos días
desde el 24 de diciembre.
Pero
eso no fue todo, pues los investigadores captaron una segunda señal precursora
en el índice sETI el 28 de diciembre, por lo que sugirieron una alta
probabilidad de que se produjera una ola de calor cerca del 10 de enero, la que
también llegó. Esta se desarrolló un poco más al sur que la anterior,
específicamente entre Chillán y Osorno.
La
investigación comenzó con el respaldo de un proyecto financiado por el Fondo
Nacional para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Fondecyt), en el que
el climatólogo trabajó junto a los geofísicos Christian Segura y Daniel Veloso,
y la tesista de pregrado Amanda Valencia. Todos del Departamento de Geofísica
de la U. de Concepción. Actualmente existe una web en la que se monitorea
experimentalmente estos índices atmosféricos, en la dirección https://www2.dgeo.udec.cl/shiny/hw-monitor/.
La importancia de estudiar y
pronosticar olas de calor es que se pueden tomar medidas anticipatorias a sus
efectos en las personas y los ecosistemas, como en la propagación de incendios
forestales o el deshielo cordillerano y su efectos en los caudales de los ríos.
“Por
ello, avanzar en la identificación de precursores de las olas de calor es
fundamental para la prevención y mitigación de sus impactos socioambientales
negativos”, ha destacado el académico.
Jacques recuerda que ya hemos tenido olas de calor excepcionales, como las que fomentaron la propagación de los incendios forestales de enero y febrero de 2017, que arrasaron 570 mil hectáreas, excediendo en 10 veces el promedio histórico. Incluso el mismo 2017 se produjo un record de temperatura para Chile, llegando a los 42,2°C en Los Ángeles. Otros antecedentes recopilados por el doctor Jacques Coper muestran que en 2019 se produjo una ola de calor de 17 días en Curicó a fines de enero y luego otra que impactó desde Los Ríos hasta Magallanes a comienzos de febrero, marcando el récord de 38.5 ºC en Valdivia. Esta última está vinculada al incendio de Cochrane, que afectó más de 15 mil hectáreas.
Figura 1: Configuración sinóptica promedio de las olas de
calor de verano que se producen en Chile central (Fuente: Proyecto
ANID/FONDECYT 11170486, diseñado por Paulina G. Monje).


Comentarios
Publicar un comentario