Junio 2022: Investigación avanza en el pronóstico de tornados a tres años de los últimos que impactaron en Bío Bío
Sigue congelada promesa del gobierno anterior de adquirir radares meteorológicos.
Cumplidos tres años de los
tornados que afectaron la Región del Bío Bío el 30 y 31 de mayo de 2019, los
fríos actuales nos recuerdan que aún están congeladas las promesas del gobierno
anterior de comprar radares que ayuden a estudiar y anticipar condiciones
atmosféricas asociadas a estos eventos, que son menos excepcionales de lo que
se creía. Hoy las comunes cámaras móviles han permitido fotografíar y grabarlos
en forma más recurrente, a diferencia del exclusivo registro periodístico del
tornado del 27 de mayo de 1934, que destruyó la Plaza Independencia de
Concepción y provocó la muerte de 29 personas.
A
pesar de esta congelada promesa, paralelamente científicos e instituciones han instalado
algunos instrumentos que aportan a este objetivo, como es el caso del
Observatorio de Ríos Atmosféricos que desarrollan los departamentos de
Geofísica de la U. de Concepción y de la U. de Chile, el Centro del Clima y la
Resiliencia, el Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la U. de O’Higgins y
el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales.
En
la azotea de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la UdeC, en
Concepción, el proyecto con financiamiento estatal permitió instalar instrumentos
tradicionales como barómetro, termómetro, higrómetro y pluviómetro, para
caracterizar cómo van variando, cada 15 minutos, la presión atmosférica, la temperatura,
la humedad relativa y la precipitación. Pero el Observatorio ahora agregó “instrumentos
complementarios que permiten estudiar otras variables que develarán aspectos
acerca de la dinámica de la atmósfera, en particular de las tormentas y
eventualmente aquellas asociadas a los tornados”, explicó el climatólogo de
Geofísica de la UdeC Martín Jacques Coper.
Los
instrumentos son un nefobasímetro, que mide la altura de la base de las nubes;
un micro-radar de precipitación, que registra un perfil vertical de
reflectividad en la atmósfera con lo que se puede observar el contenido de agua
líquida y la velocidad de caída de gotas de lluvia, nieve y granizo; y un
disdrómetro, que mide la intensidad de la precipitación y la distribución de
tamaño y velocidad de los hidrometeoros en superficie, explicó Jacques hace
unos días al portal Noticias UdeC.
Al analizar
todas estas variables, más el aporte de observaciones satelitales, “se podrá
tener un mejor diagnóstico de las condiciones que pueden propiciar eventos
extremos como la llegada de ríos atmosféricos o tormentas con características
tornadogénicas”, explicó el climatólogo.
Pero
de 2019 a la fecha ya se tiene información científica relevante acerca de la generación
de tornados en la zona central de Chile. Una publicación liderada por el
investigador Bradford Barrett identificó condiciones acompañadas de viento
intenso desde el norte y actividad eléctrica sostenida al momento que ocurrieron
los tornados. Además, observó que la tropósfera baja estaba relativamente
cálida y saturada de humedad y la tropósfera media relativamente fría, lo que
se tradujo en un fortalecimiento del ascenso de aire (convección anómala) en un
contexto atmosférico de cizalle vertical del viento. Ambos factores son importantes
para la formación de tornados, explicó Jacques, quien agregó que esta
investigación “establece que este tipo de patrón atmosférico puede estar
propiciado por teleconexiones atmosféricas entre trópicos y extra-trópicos”.
Para
complementar estos conocimientos es importante contar con observaciones que se podrían
obtener con los prometidos pero, hasta ahora, olvidados radares meteorológicos.
Estos registran el comportamiento de la atmósfera en tres dimensiones y con alta
resolución temporal, adelantos tecnológicos clave para aportar al pronóstico de
tiempo severo, incluyendo posiblemente futuros tornados.

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