Diciembre 2022: Áreas del suelo de Santiago se hunden hasta 25 mm. al año por la explotación de aguas subterráneas y la sequía
Investigación muestra que los hundimientos continúan.
Trabajo realizado por científicos de universidades de Roma, Concepción
y Santiago explica que estas deformaciones no son peligrosas a corto plazo,
pero sí pueden impactar la infraestructura civil tras varios años con estas
tasas de hundimiento.
Un estudio de monitoreo de la
deformación del suelo en Santiago muestra que, a pesar de que la cuenca
capitalina es relativamente estable, hay áreas que presentan hundimientos
anómalos, especialmente al norte y al sur de la ciudad. Los sectores con
continuas bajas del nivel del suelo, de hasta 25 milímetros al año, coinciden
con áreas de explotación de agua subterránea para agricultura y consumo humano,
y por la sequía; lo que ha hecho descender el nivel del agua en los últimos 10
años entre 1 y 0,3 metros al año.
“En Quilicura,
Chicureo, Colina, Polpaico y Lampa la explotación y compactación del acuífero
es más evidente y se nota una criticidad. Para Paine y Huelquén las
deformaciones son evidentes en los últimos años, influenciadas por la
agricultura intensiva de la zona”, explicita la investigación “Monitoreo de deformación
de alta resolución de DInSAR: implicaciones para riesgos geológicos y
estabilidad del terreno en el área metropolitana zona de Santiago, Chile”. El
estudio fue desarrollado por Felipe Orellana, del Departamento de Ingeniería
Civil, Edificación y Medio Ambiente de la Universidad La Sapienza, de Roma; Marcos
Moreno, del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción; y Gonzalo
Yáñez, del Departamento de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la Universidad
Católica de Chile.
Una de las
conclusiones es que las deformaciones del suelo no ocurrieron en un momento
determinado, sino que son continuas, lo que indica que las extracciones de agua
han seguido afectando la estabilidad del suelo durante el período investigado.
Las deformaciones
de la superficie terrestre son procesos lentos, por lo que no implican
situaciones de riesgo inmediato ya que sus efectos se observan después de
varios años; sin embargo, durante ese período sus efectos pueden cambiar la
topografía de la superficie terrestre, causando daños a la población y la
infraestructura civil.
Además, el
estudio afirma que no hay evidencia de grandes deformaciones influenciadas por
movimientos tectónicos, en particular vinculados a la actividad de la falla de
San Ramón. Sí ocurre un levantamiento general del área de unos 10 milímetros al
año, muy normal por estar sobre la placa subductada por la tectónica entre las
placas de Nazca y Sudamericana. “Sin embargo, no descartamos que la falla esté
activa y que se necesite más tiempo de observaciones para estimar las posibles
deformaciones a lo largo de ella”, indica el artículo científico.
La
investigación registró las deformaciones del suelo utilizando un radar de
apertura sintética interferométrica diferencial multitemporal (DInSAR) de los
satélites Sentinel 1A y 1 B, obteniendo un mapa de movimiento del suelo de alta
resolución. Estos satélites son parte de misión Copernicus de la Agencia
Espacial Europea. La interferometría de radar satelital multitemporal se basa
en el análisis de una serie de imágenes, en este caso adquiridas entre mayo de
2018 y mayo de 2021.
Los
resultados destacan que conocer el comportamiento de la cuenca de Santiago es
un factor clave para la gestión y sobreexplotación de las aguas subterráneas. “Esto
es fundamental para decisiones ligadas a la planificación territorial y
demuestran la importancia de las mediciones geodésicas satelitales en la
evaluación del impacto del cambio climático y cómo este afecta la deformación
de la superficie del suelo y el almacenamiento de las aguas subterráneas”,
destacan los autores.
Además, hay una clara relación entre la estabilidad del suelo de Santiago con el espesor de su cuenca, siendo zonas con menor espesor las más afectadas por hundimientos. “Este trabajo demuestra la gran utilidad de datos satelitales para determinar la estabilidad del suelo, datos necesarios para una buena planificación urbana”, concluyen.
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